Sonando

jueves, 26 de marzo de 2015

Ojalá algún día al despertar el café esté hecho, el correo recogido y los roles repartidos.

domingo, 22 de febrero de 2015

Siempre es mucho tiempo.

Deja el té sobre la mesa y con la barbilla apoyada en las manos lo mira.
-Estarán siempre juntos, se les ve. O al menos eso me parece a mí. - sonríe.
-Siempre... Siempre es mucho tiempo, ¿no crees? -contesta ella.
La mira con ojos brillantes y media sonrisa en los labios. ¿Qué ha sido eso? Debe pensar.
-Vaya... Entonces, ¿tú no quieres estar siempre a mi lado? - pregunta desafiante.

Pero siempre... ¿qué significa?

"Yo quiero ser yo, contigo, a lo largo de los años. Levantarme los días de lluvia y hacerte el café caliente. Acurrucarme a tu lado en invierno y echarte de la cama en verano. Prepararte un baño de espuma los lunes para hacerlos menos malos, e impregnar la cocina de olor a bizcocho los domingos para endulzarte esos días tan sosos. Quiero echarte de menos en la distancia y correr a abrazarte en las llegadas. Discutir porque no has hecho la cama y secuestrarte en ella como castigo. Oír tu risa cuando hablo con mis duendes y la mía cuando me sigues el juego. Ver películas hasta quedarnos dormidos en el sofá o comerte a besos si la situación lo requiere. Olvidarnos el paraguas y correr bajo la lluvia de la mano. Convertirte en el crítico culinario de mi cocina experimental. Enfrentarnos a un mal día, a un despido, a una traición, a malas rachas, a malos hábitos, a decepciones, a mala gente... Enfrentarnos al mundo juntos, si necesario es.
Yo quiero todo, donde estés tú. Y no sé si eso es un para siempre, pero sí mucho tiempo. Y en el caso de que lo fuera, no hay duda de que la persona para pasarlo, eres tú."

Respira. Vuelve a coger la taza de té y sin pensarlo dos veces, contesta:

-Yo lo que quiero es pasar tiempo, mucho tiempo, contigo.


lunes, 5 de enero de 2015

domingo, 14 de diciembre de 2014

Jugadas de tiempo.

Agosto de 2012.

Ambos frente a la pantalla de sus respectivos ordenadores. Sonríen. Casi tres horas intercambiando mensajes de picardía juvenil han sido suficientes para conventirlos en dependientes mutuos de aún no se sabe qué.
Él escribe. Seguridad e incertidumbre rebosan en su mente;
- Bien. Ahora, es cuando tú debes hacerme una promesa.
Ella sonríe. Sabe que aceptará. Inocencia es la única respuesta:
-¿Promesa? ¿Por qué?
Lo que esperaba. No lo piensa. Tiene que decirlo. Las cartas ya están jugadas.
-Sí. Prométeme, que aunque perdamos el contacto, aunque dejemos de hablar...Voy a ser el primero en saber que te has enamorado por primera vez.
Ya está. Lo ha soltado. Más sonrisas. Juego de niños. Cuestión de tiempo.

Diciembre de 2014.
Cierra el portátil. Ya le ha dado las buenas noches. Increíble. Piensa:
"Hace dos años ya me llamabas reina y ninguno era consciente de todo lo que íbamos a conquistar.
Fuimos peones contrarios en un tablero de ajedrez pero no supimos vencernos y terminar la partida. No quisimos, más bien.
Recuerdo cuando te las dabas de escritor y entre risas me prometías que ibas a escribir un libro. La protagonista sería morena, risueña y un poco tonta. Nada que no se pareciera del todo a mí.
A día de hoy, creo que no te puede haber quedado mejor la historia. La que escribes ahora. La nuestra.

Me contabas que buscabas a la mujer perfecta, pero que aún no habías logrado dar con ella. Irónico es decirte al cabo de los años que me moría de ganas de ser yo.
Éramos inocentes, ilusos, estábamos esperanzados, y no te voy a negar que por mi parte era algo cobarde.
No era nuestro momento. Aún no. Y esperamos. Sin saberlo, esperamos.

Y pasó. El tiempo pasó y nosotros nos creamos con él.

"Buenos días :)"
"Escribes muy bien, de verdad jajaja"
"Por cartas todo sería más telenovelesco"
"Pensaba que no recibiría respuesta..."
"Contigo todo es mejor."
"Ha sido una tarde estupenda"
"¡Te he besado!"
"Te quiero..."

Y ha llegado. Ha llegado el momento de responderte a esa promesa de verano:

Sí.Me he enamorado. Completa y rotundamente. Por primera vez, como tú pedías. Alguien increíble. Guapo, como me advertiste. Alto, como yo quería. Moreno, como no imaginaba.
Inteligente, como me esperaba.
Lo adoro. Todo de él. Los enfados, las legañas y sus malos días. Me encanta verlo reír. Verlo feliz. Ser él mismo.
Amo abrazarlo mientras llora o mientras rebosa alegría. No hay mejor sensación que despertar a su lado por la mañana y dormir acurrucada en su pecho. No hay mejor sensación que saber que tú eres el todo para él.
Estoy enamorada. Rotundamente, de ti.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Noviembre.

Hoy no tengo metáforas. Ni primeras líneas o extensos párrafos donde escribirlas.

¿Las musas? Se han esfumado. Se han largado esta noche.
No. No sé cuándo volverán, ni si tienen intención de hacerlo.

Es un frío viernes de noviembre  y creo haber contado quince estrellas en la franja de cielo que alumbra mi  habitación.
Sí. También la luna ha desaparecido por hoy.
Me pregunto cuánta gente se encuentra en mi misma situación mirando una franja de cielo diferente...y repentinamente, pienso en la inmensidad del mundo: la cantidad de gente, de actos, de situaciones, la diversidad de momentos, preguntas, por qués no contestados...

Panda de inconscientes. Nosotros; el ser humano y su característica vena egoísta que nos obliga a pensar que somos los únicos desgraciados existentes. Porque cuando se trata de felicidad es todo más extenso. Más mundial. Ya me entendéis.

No cuento más estrellas.

Finjo un bostezo y me acurruco en la cama. Es hora de dejar las reflexiones por hoy. Quizá las musas vuelvan tras ellas.