Sonando

viernes, 19 de julio de 2013

Obsesiva me llaman.

Qué difícil es encontrar las palabras adecuadas para decir las cosas. Sí, digo "cosas" porque quiero generalizar. Me resulta horrible y agobiante tener millones de ideas en la cabeza y no saber con qué palabra empezar a soltar todas y cada una de ellas. Así que,  indagando por el interior de mi complicadísima cabecita, he llegado a la conclusión de que mi problema es que pienso mucho. Muchísimo. Doy demasiadas vueltas a los asuntos más insignificantes que te puedes imaginar. Pero claro, lo mejor es, que cuando ya creo haber dado con la respuesta adecuada, millones y billones de pequeñas e irritantes "Anitas" mentales se ponen gritar cual locas juzgando los pros y los contras de la que debería ser mi "respuesta perfecta". Por lo que al final, me quedo como estaba; sin respuesta que dar y un lío mental de tres pares de narices. Y es que esto es así. Soy una persona obsesiva por naturaleza. Aunque más que obsesiva, me defino como..."pensadora", que le da un aire más filosófico y me da pinta de "chica interesante".  Pero bueno, como sé que no puedo ponerle remedio, lo acepto y eso que me llevo. Por lo que, para finalizar mi "reflexíon", sacaré el máximo partido a la "pensadora" que llevo dentro y diré: "Vive el día a día, momento a momento, y que no te importe lo que diga el resto".

Yo y mi manía de perseguir imposibles.

jueves, 4 de julio de 2013

"Alguien me dijo una vez..."

Que el éxito no es ser conocida por miles de personas, si no que; "El éxito llega, con todo tu esfuerzo, por tu conquista, por los sacrificios, por toda tu dedicación contigo misma. No es algo material, es algo espiritual. Algo que e siente y corre por todo tu interior. EL ÉXITO, ERES TÚ".

miércoles, 3 de julio de 2013

"La derrota no te mata, te enseña a vivir."

Volar.

A veces, me gustaría poder reunir todas las fuerzas que tengo escondidas en mi interior, cerrar los ojos, y sin pensar en nada ni en nadie, echar a volar. Volar alto, todo lo alto que pudiera. Aún con los ojos cerrados notar el viento y la brisa que rozaran mi rostro. Aspirar el aire hasta que entrara en lo más hondo de mí. Y seguir volando. Rápido. Sin control. Todo lo lejos que pudiera y fuera posible. Hasta echar la vista a atrás y no ver nada ni a nadie. Sólo cielo. Cielo azul que me pertenece. Y seguir volando. Alejándome cada vez más hasta sentir que ya no pueda más. Y en ese momento, pudiera coger de nuevo todas las fuerzas que quedaran en mis entrañas, y junto con la emoción y adrenalina provocadas, gritar a todo pulmón que SOY LIBRE. Que ahora la que decida y mande aquí, seré yo.